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Defensora de la libertad de expresión

Ulla Carlsson es la primera catedrática de libertad de expresión del mundo, especializada en el desarrollo de medios y política global. El desafío es muy oportuno; el debate en torno a la libertad de expresión nunca ha sido tan intenso y controvertido como en la actualidad.

Texto Sara Bergqvist Fotos Svante Örnberg

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Datos

Ulla Carlsson
Nació en 1950
Vive en Gotemburgo
Título académico: Titular de la Cátedra UNESCO de Libertad de Expresión, Desarrollo de Medios y Política Global de la Universidad de Gotemburgo.
Trayectoria profesional: Desarrolló y dirigió Nordicom, el instituto para la investigación de los medios de la Universidad de Gotemburgo. Ha escrito muchos libros sobre los medios, la comunicación, la libertad de expresión y la competencia en el uso de los medios y la información.
Aficiones: Arquitectura, lee novelas y biografías.
Actualmente lee: While I Was Young, una “ego-historia de principios del siglo XX” de Yvonne Hirdman

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A nivel global, nunca antes ha habido un acceso tan amplio a la libertad de expresión. Un número creciente de países han abandonado las dictaduras para adoptar formas más democráticas de gobierno y los nuevos medios sociales han dado voz a personas que antes no tenían la posibilidad de expresarse. Pero, advierte Ulla Carlsson, titular de la Cátedra UNESCO de Libertad de Expresión, Desarrollo de Medios y Política Global de la Universidad de Gotemburgo, todavía persisten fuerzas contrarias a esta amplia tendencia.

“A pesar de todas las posibilidades que existen hoy para la comunicación, el debate en el ámbito público todavía es insuficiente y los problemas verdaderos permanecen ocultos”, continúa Carlsson. “Compartimos nuestras opiniones con otros que piensan como nosotros y aceptamos visiones afines a la nuestra. Nos hemos convertido en una sociedad que busca la aprobación, en la cual no afinamos nuestros argumentos frente a los que piensan de otra manera, con el fin último de llegar a soluciones políticas funcionales. A la larga, esto representa un riesgo para la democracia y la libertad de expresión”.

En su adolescencia, en la década del sesenta, Carlsson estaba muy influida por el clima político de aquel tiempo, caracterizado por unas ideas frescas y más progresivas, y un gran interés por los países en vías de desarrollo y el Tercer Mundo.

“Nuestra generación tenía mucha más conciencia política y un espíritu más crítico que la actual”, dice Carlsson. “Pero al mismo tiempo, éramos más ingenuos en otros aspectos. Cuando tenía 22 años, estuve un año en África, y crucé medio continente. Cuando volví a casa, pesaba 34 kilogramos pero había aprendido mucho y, desde entonces, África forma parte de mí”.

Por eso, cuando empezó a trabajar como investigadora en la Universidad de Gotemburgo hace 40 años, Carlsson se centró en los países en vías de desarrollo y la política internacional. Pero no tardó en interesarse por temas relacionados con los medios, la comunicación y la libertad de expresión. Eso la llevó a desarrollar Nordicom, el instituto nórdico para la investigación de los medios, que dirigió durante muchos años. En marzo de 2015, asumió la cátedra UNESCO recién creada, una de las 760 cátedras UNESCO en instituciones académicas de más de 130 países.

“La cátedra me ha permitido integrar todo”, dice Carlsson. “El desarrollo de los medios, combinado con el desarrollo de la geopolítica y la tecnología, tiene un impacto profundo sobre la libertad de expresión en distintas partes del mundo. Mi función es fomentar un mayor intercambio de conocimientos y conciencia acerca de esto”.

Carlsson cree que el tema de la libertad de expresión es tan complejo que raras veces hay respuestas fáciles. Destaca la tendencia a marginar la misión periodística. Las empresas dedicadas a la prensa escrita ven a los consumidores de medios como clientes y hablan de modelos de negocio en lugar de misiones periodísticas, explica. Hoy, los periodistas quieren autorrealizarse; en los años 80, en cambio, su misión era mejorar la sociedad.

Paralelamente, las agencias de relaciones públicas y los grupos de presión tienen ahora más poder para intervenir en el flujo de noticias.

“Vemos un periodismo más orientado al mercado en el cual cualquier investigación disonante corre el riesgo de ser excluida”, dice Carlsson. “Y aunque debería ser obvio qué es opinión y qué es publicidad, mucha gente ya no sabe distinguirlas. Por consiguiente, debemos trabajar mucho más en el tema de la ‘alfabetización mediática’, es decir, cómo funcionan los medios y cómo podrían utilizarse en la escuela. La democracia necesita ciudadanos avezados en los medios y dotados de un ojo crítico”.

Como amenazas directas contra la libertad de expresión, se incluyen los atentados terroristas, como el cometido en París en la sede de la revista francesa Charlie Hebdo en enero de 2015 y en un centro cultural en Copenhague al mes siguiente.

“El arte tiene derecho a incomodar”, dice Carlsson. “Independientemente de lo que pensemos, todos tenemos derecho a expresar nuestra opinión. Es muy importante abordar estos temas y ceñirnos a la esencia de la cuestión, para evitar que el blanco sea la persona como individuo”.

Los límites de nuestra libertad de expresión también deben abordarse, continúa Carlsson, recalcando que el debate debe desarrollarse en el ámbito público.

“Es una cuestión de respeto mutuo”, dice. “Tienes derecho a expresar tu opinión pero debes aceptar que los demás también tengan opiniones. La libertad de expresión surgió porque la gente estaba oprimida y quería tener derecho a expresar su opinión. Pero hoy, esa palabra se usa en tantos contextos que no siempre refleja su significado”.

El respeto mutuo es importante para la libertad de expresión, dice Ulla Carlsson.

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