Resulta interesante reflexionar sobre la idea de que los conocimientos técnicos y las condiciones de vida de las personas evolucionan a velocidades distintas. La relación es innegable pero, a veces, un avance técnico modesto es suficiente para lograr una mejora significativa del nivel de vida. En Etiopía, un proyecto que ha sido galardonado enseña a pequeños agricultores los beneficios de la agricultura ecológica, mejorando la calidad de la tierra con compost natural.
En regiones más desarrolladas, el progreso técnico está generando nuevos beneficios. Los productos basados en la nanotecnología empiezan a formar parte de nuestra vida cotidiana. La tecnología start-stop para automóviles y vehículos de dos ruedas está disminuyendo las emisiones innecesarias de dióxido de carbono y mejorando el entorno en ciudades congestionadas.
Con vistas al futuro, los investigadores están empezando a estudiar el material bidimensional grafeno, que puede mejorar considerablemente la potencia de procesamiento de los ordenadores. Otros investigadores están trabajando en la posibilidad de convertir el dióxido de carbono en metano o metanol y, potencialmente, en queroseno o gasóleo, transformando así un contaminante en combustible.
En el desierto helado del Polo Sur, un equipo de científicos utiliza un enorme telescopio de microondas para estudiar la expansión del universo y la energía oscura. Recogen datos sobre lejanos cúmulos de galaxias para determinar las condiciones del universo, aumentando así nuestro conocimiento de un futuro muy lejano.
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Madeleine de Laval
Redactora Jefe
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