Como nuevo

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La economía circular –reutilizar, refabricar y reciclar– puede beneficiar mucho a la economía y al planeta.

Texto Allison Jackson
Ilustración Jack Hudson

Otra industria

La economía circular fue descrita como la próxima revolución industrial. Diseñado para casi eliminar el desperdicio al aprovechar al máximo productos, piezas y materias primas existentes, este nuevo modelo económico está ganando adeptos entre gobiernos, empresas y consumidores que buscan una alternativa al actual sistema lineal de “extraer, fabricar, desechar”, reconocido actualmente como insostenible.

Sus defensores argumentan que podría ser la solución para los grandes desafíos que afronta el planeta: el crecimiento demográfico, la escasez de recursos naturales y el cambio climático. Pero será necesaria la implicación de todos.

“Hemos llegado al punto de que ya no tenemos elección porque los recursos son cada vez más escasos y nuestro impacto sobre el planeta ha sido tremendo”, afirma la Dra. Julia Stegemann, profesora de ingeniería medioambiental del University College de Londres y copromotora del UCL Circular Economy Laboratory. “Estamos llegando a un punto de no retorno; si queremos vivir de forma sostenible, debemos implantar estos cambios radicales”.

Estamos llegando a un punto de no retorno; si queremos vivir de forma sostenible, debemos implantar estos cambios radicales.
Dra. Julia Stegemann, profesora de ingeniería medioambiental del University College de Londres y copromotora del UCL Circular Economy Laboratory.

Es un sistema antiguo e increíblemente sencillo: en vez de desechar los objetos que hayan dejado de funcionar o ya no sean necesarios, se reutilizan, refabrican o reciclan. De hecho, este proceso ya ha empezado.

La cadena sueca de moda H&M ha creado un sistema global de recolección de prendas desechadas que se reutilizan o se reciclan en prendas nuevas o trapos para limpiar. Desde 2013, ha recuperado más de 28 000 toneladas de prendas y textiles –equivalente a más de 120 millones de camisetas- que normalmente habrían acabado en un vertedero o incinerados.

El fabricante francés de automóviles Renault también está incorporando la circularidad a su modelo de negocio. Tiene una planta de refabricación donde se revisa cualquier producto usado –desde bombas de agua hasta motores– y se vende al 50-70% de su precio normal de venta. La planta genera ingresos anuales por valor de más de 250 millones de euros, y es rentable.

Vodafone, el gigante de telecomunicaciones del Reino Unido, ofrece un servicio de canje para animar a los clientes a devolver su celular o tableta viejos a cambio de un descuento sobre un dispositivo nuevo o un bono para gastar en la tienda. Los productos devueltos se reacondicionan y revenden o se extraen los componentes y se reciclan.

Ilustración Jack Hudson

Fue la Ellen MacArthur Foundation, del Reino Unido, creada en 2010 por la navegante Ellen MacArthur, la que popularizó el término “economía circular”, pero el concepto existe desde siempre. Lo que ha cambiado es que ahora urge ponerlo en práctica a escala global.

Según un informe de EY, una empresa global de servicios profesionales, hasta 2030 unos 3 000 millones de consumidores se sumarán a la clase media, con lo que ejercerán una presión sin precedentes sobre unos recursos ambientales y naturales que ya están al límite.

Durante los próximos 50 años, podrían agotarse muchos elementos, incluidos el oro, la plata y el tungsteno. Y la extracción de otros recursos, como el petróleo crudo, es cada vez más difícil y costosa. Los precios de las materias primas son cada vez más volátiles y la producción de alimentos sufre los efectos del deterioro medioambiental.

Implantar la economía circular supondrá la mayor reorganización de los últimos 250 años en nuestra forma de producir y consumir, explica Peter Lacy, director general global de servicios de sostenibilidad de Accenture Strategy, otra empresa global de servicios profesionales.

Por ejemplo, habrá que diseñar los productos de modo que duren más y puedan extraerse sus componentes y materias primas una vez acabada su vida útil, usar energías renovables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, tapar las fugas en las cadenas de suministro de modo que los recursos naturales no deseados y los residuos se reutilicen o se reciclen en vez de desecharse, y preferir la compraventa de servicios a la de productos. Por ejemplo, los consumidores podrían utilizar servicios de alquiler o de vehículo compartido en lugar de comprar un auto que pasa el 90% del tiempo sin utilizarse.

Los expertos reconocen que la transición será costosa pero los beneficios económicos, sociales y ambientales podrían ser enormes.

Según el Foro Económico Mundial, solo en materiales, se podría ahorrar 1 billón de dólares estadounidenses anuales, a la vez que se crearían cientos de miles de puestos de trabajo en empresas de refabricación y reciclaje.

Si se implantara una economía circular en Europa, su producto bruto interno podría crecer hasta un 11% para 2030 y un 27% para 2050, según la Ellen MacArthur Foundation, una ONG que propone acelerar la transición hacia la economía circular. De continuar con el sistema actual, ese crecimiento sería de un 4% y un 15%, respectivamente.

Si se reutilizaran o reciclaran los celulares, serían más baratos, y más consumidores podrían tener lavadoras de alta gama si, en vez de comprarlas, las alquilaran.

La tecnología desempeña un papel clave. La organización holandesa Circle Economy ha desarrollado herramientas y programas digitales para facilitar a empresas y gobiernos la puesta en práctica de iniciativas circulares y el intercambio de experiencias. Según su presidente, Andy Ridley, un “entorno de aprendizaje colectivo” y mantener el concepto de economía circular en el primer plano han sido claves para lograr la escala necesaria para que pueda funcionar.

“Es importante no convertirlo en un tema confuso con un lenguaje complejo que limite e inhiba esa posibilidad”, dice Ridley. “En Circle Economy, siempre pretendemos la implementación práctica y expansible de la economía circular”.

Pero llevará tiempo.
“Necesitará una generación para desplegarse, y probablemente tenemos ese tiempo… pero mucho más que eso, lo dudo mucho”, dice Stegemann.

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