Un soñador que lucha contra la fricción

Un soñador que lucha contra la fricción

Hijo de padres vulcanólogos, Sergei Glavatskih creció en la franja oriental sísmicamente activa de Siberia, de modo que todo en su infancia parecía predestinarlo para la ciencia. Hoy utiliza la química y la física para llevar la lubricación un paso más allá.

Texto Antony Riley
Foto Kristofer Samuelsson

Investigación y teoría

Al ser hijo de dos vulcanólogos, el camino de Sergei Glavatskih hacia la investigación estaba, en cierto modo, predeterminado. “Por defecto, tenía que ser científico”, reflexiona Glavatskih desde su modesto despacho en el Real Instituto de Tecnología (KTH), en Estocolmo, Suecia. De niño vivió en la península de Kamchatka, la tierra de los volcanes, en el extremo oriental de Rusia, y a menudo “ayudaba” a su madre durante sus expediciones estivales a los campos geotérmicos y las Islas del Comandante.
          

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Glavatskih explica que siempre tenía la cabeza llena de preguntas, pero que en la escuela tuvo profesores apáticos y desganados que no le hacían caso. Los cursos por correspondencia le ayudaron a compensar algunas de sus deficiencias formativas, sobre todo en física y matemáticas, y allí estaba National Geographic, “una de las pocas revistas que se mantuvo relativamente libre de la censura”, afirma. Al leer sus páginas, conoció lugares y gente que vivía lejos de su tierra natal, majestuosa pero aislada.

A veces debemos perseguir sueños imposibles. Si nos sale bien, los beneficios para la sociedad serán enormes.
Sergei Glavatskih

Ser estudiante universitario en Moscú le permitió librarse del servicio militar (y, muy posiblemente, añade, de la guerra en Afganistán). Obtuvo una Maestría en Ingeniería Mecánica y posteriormente se doctoró en Criogenia. Desarrolló sensores de resonancia patentados, utilizados después en el sistema de reabastecimiento de un avión comercial, el TU-154, propulsado por gas natural licuado.
          

Sergei Glavatskih

Nacimiento: 1966
Residencia: Estocolmo, Suecia.
Trabajo: Real Instituto de Tecnología (KTH), Estocolmo, Suecia, y Universidad de Gante, Bélgica.
Formación académica: Maestría en Ingeniería Mecánica, diploma con honores, 1989, U. Técnica Estatal de Moscú; Doctorado en Criogenia, 1994, U. Técnica Estatal de Moscú; Doctorado en Elementos de Máquinas, 2000, U. de Tecnología de Lulea (LUT); docente en elementos de máquinas, 2003, LUT.
Actualmente lee: Vikingarnas Värld (El Mundo de los Vikingos), de Kim Hjardar.

Al finalizar la Guerra Fría, Glavatskih se marchó de Rusia para satisfacer sus ganas de viajar y también para iniciar una carrera internacional en la investigación. “Lo más sencillo era ir a Escandinavia; además, la idea de vivir en Suecia siempre me había atraído”, explica. En Suecia, Glavatskih empezó su segundo doctorado, este en elementos de máquinas, que dio pie a un proyecto con Statoil para desarrollar aceites sintéticos más sostenibles. Fruto de ello surgieron los aceites TURBWAY SE y TURBWAY SE LV, comercializados para máquinas giratorias.

Glavatskih siente una fascinación creciente por la fricción como ámbito de investigación. Explica que es uno de los campos fundamentales de la ingeniería, hasta el punto de que ha preocupado a la humanidad desde sus albores. Actualmente es más importante que nunca por la cantidad de energía que el mundo produce y consume, por las pérdidas asociadas y por sus consecuentes implicaciones medioambientales.

Muchos de los problemas actuales asociados con la eficacia de las máquinas se deben al uso de lubricantes inapropiados y a un desarrollo “meramente gradual” de lubricantes a lo largo de los años, afirma Glavatskih. El procedimiento habitual, explica, es diseñar la máquina y, a menudo, luego se decide qué lubricante usar, utilizando la viscosidad como parámetro básico. “En muchos casos”, continúa, “los lubricantes se consideran aditivos químicos para una solución de ingeniería”. El desarrollo de lubricantes corre a cargo de químicos y, por este motivo, los ingenieros mecánicos lo consideran casi una ciencia oculta.

“Necesitamos incorporar tecnologías más avanzadas de lubricación en el diseño de las máquinas e incluso propiedades nuevas, antes inalcanzables con los lubricantes tradicionales, para garantizar las mejoras necesarias”, afirma. “Esto se puede conseguir a través de un enfoque mecanoquímico, para que utilicemos nuestros conocimientos de química a nivel molecular, y algo de física y mecánica para dotar los lubricantes de nuevas propiedades para nuevas tecnologías.

Sergei Glavatskih

Sergei Glavatskih

“Si uno mira hacia atrás, incluso al siglo XIX, los grandes científicos no se definían a sí mismos como científicos en ‘elementos de máquinas’ o ‘termodinámica’”, explica Glavatskih. “Exploraron muchos temas distintos y lograron muchas cosas. Por desgracia, por algún motivo, con el tiempo nos hemos ido encasillando en ámbitos cada vez más acotados. Como resultado de todo eso, ahora hace falta un cambio en la forma de trabajar”.

El método de trabajo de investigadores y científicos surge espontáneamente de su formación. Como científico, Glavatskih cree firmemente que el aspecto educativo de su trabajo en el KTH es igual de importante que su investigación. “Debemos seguir investigando y pensando sobre cómo enseñamos y capacitamos a los ingenieros del mañana”, dice. Agrega que su trabajo servirá para plantar las semillas de una forma innovadora, colaborativa y no lineal de pensar y de trabajar.

En el KTH, Glavatskih dirige un equipo diverso de investigadores que han trabajado en campos como la nanotecnología, la química y la mecánica de fluidos. “Nuestro punto de partida es concebir el lubricante como un elemento más de la máquina”, explica. La noción del lubricante como parte integral de la máquina es clave para la filosofía de diseño de Glavatskih.

Uno de los proyectos de investigación actuales de Glavatskih, financiado por la Fundación Knut y Alice Wallenberg, es un estudio de los líquidos iónicos (sales fundidas a temperatura ambiente). Glavatskih y su equipo están explorando el potencial de estos compuestos iónicos en la lubricación. Sus resultados muestran que los líquidos iónicos pueden constituir un facilitador tecnológico clave en la lubricación. Un enfoque de múltiples escalas del diseño de lubricantes desarrollado por el equipo permite ajustar la temperatura, presión y respuesta frente al esfuerzo cortante de los líquidos iónicos y, de este modo, dotar los lubricantes de las propiedades deseadas. Entre los aspectos importantes del procedimiento de diseño se incluyen vías de síntesis sostenibles y un menor impacto medioambiental.

Es posible controlar in situ el comportamiento que los líquidos iónicos adaptados tienen en situaciones de fricción, algo que resulta imposible con los lubricantes moleculares convencionales. Su visión es poner en el mercado el novedoso enfoque “activo” del problema de la reducción de la fricción y del desgaste en los contactos lubricados, utilizando los líquidos iónicos adaptados para manipular en tiempo real la reología y la estructura próxima a la superficie de los lubricantes.

“Mi trabajo como científico es ser un poco loco”, resume Glavatskih. “A veces debemos perseguir sueños imposibles. Si nos sale bien, los beneficios para la sociedad serán enormes”.

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