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Crecimiento verde

En 2014 pasó algo asombroso. La economía mundial creció, pero las emisiones de carbono no aumentaron. Grandes inversiones en energías renovables y el auge de tecnologías energéticamente eficientes podrían abrir el camino hacia un futuro de crecimiento económico sin contaminación.

Texto Allison Jackson  Ilustración Karolis Strautniekas

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Para los que creen que el cambio climático es una realidad y están intentando frenarlo, 2014 fue un punto de inflexión. La economía global creció más del 3%, pero las emisiones de carbono derivadas del consumo de energía no se movieron.

Fue la primera vez en 40 años que se produjo este “desacoplamiento” entre el crecimiento económico y las emisiones de carbono, según anunció la Agencia Internacional de la Energía (International Energy Agency, IEA) a principios de 2015. Hasta entonces, los descensos o estancamientos del crecimiento de las emisiones habían venido acompañados de recesiones económicas.

Para los defensores de la lucha contra el cambio climático, era la confirmación de que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no se logra a costa del crecimiento económico.

“Fue la confirmación de que, en efecto, el cambio que buscamos es posible”, dice Emily Rochon, estratega global sobre energía para Greenpeace en Bruselas, Bélgica.

“Entre 2008 y 2012, las economías globales se contraían o crecían a un ritmo muy lento. Las emisiones tampoco crecían a gran velocidad, pero aún no estaba claro si se había producido un desacoplamiento.
“Por lo tanto, fue el primer año en que se podía señalar los datos y decir: ‘Ahí tienen la prueba: la economía creció pero las emisiones no’”.

Aunque deberán pasar años o incluso décadas hasta lograr una reducción en las emisiones de carbono globales, los expertos dicen que, en algunos países desarrollados como Suecia, ya están bajando, y que 2014 podría marcar el comienzo de una tendencia duradera para el resto del mundo.

“El año 2014 fue alentador; nos mostró que es posible crecer invirtiendo en fuentes de energía bajas en carbono y otros sectores limpios”, dice Isabella Neuweg, analista de políticas y asesora de investigación para el Profesor Nicholas Stern del Instituto de Investigación Grantham sobre Cambio Climático y Medioambiente de la London School of Economics. “Eso es lo importante: no se trata de renunciar al crecimiento”.
Pero el desacoplamiento de 2014 no surgió de la nada.

Según la Agencia Holandesa de Valoración Medioambiental PBL (Planbureau voor de Leefomgeving) y el Centro de Investigación Conjunto de la Comisión Europea, el crecimiento de las emisiones globales de carbono se viene desacelerando desde 2012.

Esta desaceleración debe atribuirse mayormente a las inversiones astronómicas de China en energías renovables –nada menos que 75 000 millones de euros en 2014, un 39% más que en el año anterior– y a sus esfuerzos por reducir la contaminación que está asfixiando sus ciudades, mediante el cierre o la modernización de las centrales eléctricas de carbón más contaminantes. Pero no es el único país que ha tomado medidas.

Otros países, motivados por el interés propio o por un compromiso auténtico de reducir sus emisiones, también han reducido su dependencia del carbón y del petróleo y su intensidad energética. El CO2 producido por el consumo de energía supone casi el 70% de las emisiones globales.

Las inversiones globales en energías renovables se han multiplicado por seis en la última década, y alcanzaron los 244 000 millones de euros en 2014, un 17% más que en 2013, según datos del Centro de Colaboración Frankfurt School – PNUMA para el Clima y el Financiamiento de las Energías Sostenibles y de Bloomberg New Energy Finance.

El auge de las tecnologías energéticamente eficientes, desde bombillas hasta motores de avión, también ha ayudado, al igual que el apogeo del gas de esquisto en los Estados Unidos, que ha impulsado la inversión en centrales eléctricas de gas.

Esa inversión ha generado un crecimiento económico al crear empleos en nuevos sectores y ahorros en costos energéticos, que las empresas están aprovechando para ampliar su actividad.

Su impacto sobre el sector energético global también es palpable.

Según Bloomberg New Energy Finance, la nueva capacidad en energías renovables está superando a la de los combustibles fósiles. La IEA cree que esta tendencia continuará y que la electricidad renovable representará casi dos tercios de la adición neta a la capacidad energética global durante los próximos cinco años.

El abaratamiento de la tecnología, que convierte la energía solar y eólica en una opción más competitiva y asequible respecto del carbón y el petróleo, también está contribuyendo a que las energías renovables ganen presencia frente a los combustibles fósiles.

Pero invertir en energía sostenible y eficiencia energética no conseguirá frenar lo suficiente el crecimiento de las emisiones de carbono para evitar los peligros del cambio climático.

“Para que el desacoplamiento sea realmente sostenible a largo plazo, creo que será inevitable consumir menos energía”, dice Henrik Selin, experto en desarrollo medioambiental y sostenible de la Facultad Frederick S. Pardee de Estudios Globales en la Universidad de Boston.

Pero ¿cómo puede el mundo reducir su consumo de energía cuando los países en vías de desarrollo están ampliando el acceso a electricidad a millones de personas?

Una parte de la solución pasa por descarbonizar la energía que utilizan esos países y mejorar su acceso a las energías renovables a través de mecanismos como el Fondo Verde de la ONU para el Clima, explica Selin. Ello les permitirá aumentar su consumo de energía sin incrementar sus emisiones de carbono.

Al mismo tiempo, los grandes emisores de carbono –China, América del Norte y Europa– tendrán que tomar medidas bastante drásticas para reducir su consumo de energía.

Según Rochon, de Greenpeace, es “factible desde el punto de vista técnico y económico” implantar una cultura energética 100% renovable para 2050 a nivel mundial sin dejar de disfrutar de un “nivel razonable de crecimiento económico” y limitar, a la vez, el calentamiento global a 2 ºC, el objetivo actual en materia de política de cambio climático.

Pero el mundo tiene que actuar más deprisa, sobre todo en sectores como el transporte, donde aún queda mucho por hacer.

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