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Las canas se globalizan

En muchos países del mundo, empieza a haber más personas mayores que niños. Gobiernos y empresas afrontan las nuevas realidades del envejecimiento demográfico y sus implicaciones para las políticas públicas y el crecimiento económico.

Texto Allison Jackson Ilustraciones Yuta Onoda

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Global Coalition on Aging

El descenso de la natalidad y el alargamiento de la esperanza de vida han creado un fenómeno global: el envejecimiento demográfico.

Según las Naciones Unidas, se prevé que, durante las próximas cuatro décadas, la población mayor de 60 años llegará a más de 2000 millones de personas, más del doble que la actual. En 2050, por primera vez, habrá más personas mayores que niños, aunque esta situación hace tiempo que se da en los países desarrollados.

Este cambio demográfico sin precedentes supone un desafío enorme para los responsables políticos.

¿Cómo financiarán a los sistemas de pensiones y de salud pública, que generalmente absorben el 40% del gasto público, y mantendrán un nivel saludable de crecimiento económico si la población de personas mayores, que va en aumento, debe ser costeada por una población activa decreciente?

Michael Hodin, director ejecutivo de la Coalición Global sobre el Envejecimiento, cree que los gobiernos deberán introducir cambios “profundos y fundamentales” en sus políticas respecto a la vejez.

“Si se mantienen las políticas del siglo XX sobre el sistema fiscal, las pensiones, el empleo y la edad de jubilación, hay motivos para estar preocupados porque el resultado será catastrófico. De eso no hay duda”, dice Hodin.

Una forma de alinear los modelos económicos con la realidad demográfica del siglo XXI es eliminar la edad de jubilación.

“La edad de 65 años es una arbitrariedad; fue elegida por el Canciller alemán Otto von Bismarck en la década del ochenta del siglo XIX y reafirmada después por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt”, dice Hodin.

“Tal vez tuviera sentido cuando moríamos pocos años después de cumplir los 65, pero ahora vivimos más tiempo y, desde el punto de vista económico, es absurdo mantener dicha edad como edad de jubilación”.

De hecho, muchas personas mayores, si pudieran elegir, preferirían seguir trabajando, en parte porque no tienen suficiente dinero para financiar su jubilación, pero también porque tienen salud y sienten que todavía pueden aportar algo a nivel profesional.

En una encuesta de trabajadores de la generación Baby Boom realizada en 2014 por el Transamerica Center for Retirement Studies, el 65% de los encuestados tenía pensado trabajar después de cumplir los 65 o no tenía planes de jubilarse.

Cada vez más empresas empiezan a darse cuenta de que los empleados de más edad pueden ser un activo valioso, y les dan facilidades para seguir trabajando mediante la flexibilización de sus horarios y de las condiciones de empleo.

Pero estas personas no solo son una fuente de mano de obra; también son una oportunidad considerable para generar ingresos. Sin cargas familiares y con ahorros sustanciales, se proyecta que esta cohorte global de personas mayores gastará 15 billones de dólares al año para fines de esta década.

Empresas como Nestlé empiezan a pensar en ellas. La multinacional suiza de alimentación ha cambiado el envasado de algunos productos para facilitar su uso por personas mayores.

Según Sarah Harper, directora del Instituto para el Envejecimiento Demográfico de la Universidad de Oxford, se impone un cambio de mentalidad respecto de la cronología tradicional de las etapas de la vida, y parte de eso incluye retrasar la edad de jubilación. Pero advierte que una política de “talle único” corre el riesgo de “dejar atrás a mucha gente”.

“Uno de los problemas son las enormes diferencias de capacidad que aparecen entre las personas durante el envejecimiento”, dice Harper.

“Las personas menos preparadas y que quizás hayan tenido estilos de vida poco saludables probablemente no podrán seguir trabajando después de la edad actual de jubilación. En cambio, las de mayor nivel cultural, que hayan vivido de forma más saludable, tendrán una esperanza de vida con salud mucho mayor. Eso significa que podrán seguir trabajando hasta pasados los 70 años”, concluye.

Los responsables políticos tienen poderosas razones económicas para actuar. Además de reducir las presiones sobre unos sistemas de pensiones y salud ya sobrecargados, aumentar la tasa de participación entre la población mayor podría impulsar el crecimiento económico.

En la eurozona, por ejemplo, se proyecta que la tasa media de crecimiento del PIB per cápita se situará en un 1,3% anual hasta 2050 si más personas mayores de 50 siguen trabajando, según un estudio publicado por el Centro Internacional de Longevidad en el Reino Unido. En caso contrario, el crecimiento será del 1%.

Si los gobiernos no actúan, las presiones fiscales pueden llegar a ser “cada vez más insostenibles”, según Standard & Poor’s Ratings Service. De acuerdo con sus proyecciones, el incremento del gasto relacionado con la edad podría, en promedio, triplicar la relación deuda pública/PIB en los países desarrollados y quintuplicarla en los mercados emergentes en 2050, si las políticas no cambian.

Muchos países empiezan a verlo claro.

Australia, por ejemplo, ha aumentado la edad de jubilación hasta los 70 años para las personas nacidas después de 1965 y ofrece rebajas tributarias para incentivar a las personas de más edad a seguir trabajando. Singapur ha creado programas de capacitación para las personas de más edad, mientras Francia ha aumentado la cuantía y los años de contribución necesarios para la pensión.

“Si, de los que ahora están jubilados, un 5, 10, 15 o 20% sigue trabajando y activo, el crecimiento económico será enorme”, dice Michael Hodin.

Aumentar la tasa de participación entre la población mayor podría impulsar el crecimiento económico.

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