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Cambiando vidas en Tigray

En Etiopía, el Proyecto Tigray de Sue Edwards permite a la población, especialmente a las mujeres, desarrollar una agricultura sustentada en recursos locales.

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Datos

Edad: 70 años
Familia: Marido, tres hijas biológicas y otros hijos, todos etíopes.
Aficiones: Editar y escribir libros, cuidar su jardín, leer sobre folclore, historia social y ciencias naturales.
Comida preferida: Platos tradicionales preparados localmente pero, debido a alergias alimentarias, come mayormente platos vegetarianos y de pescado.
Libros que ha disfrutado últimamente: In Xanadu: A Quest de William Dalrymple, The Chains of Heaven: An Ethiopian Romance de Philip Marsden.

Sue Edwards es una mujer con una misión que algunos describirían como una “misión imposible”: implantar la agricultura ecológica en toda África para que este continente hambriento pueda producir alimentos de forma sostenible.

Cuando Evolution habló con ella en la sede de SKF en Gotemburgo, Edwards acababa de recibir el Premio Gotemburgo 2011 al Desarrollo Sostenible por su labor en favor de los pequeños agricultores de Etiopía. Compartió el premio con Kofi Annan, ex secretario general de la ONU y actual presidente del consejo de AGRA, la Alianza por una Revolución Verde en África.

Edwards es directora del Instituto de Desarrollo Sostenible, con sede en Addis Abeba, capital de Etiopía. “Que el Instituto haya sido reconocido por nuestro trabajo pionero nos anima mucho, y llega en un momento muy oportuno dado el actual debate internacional sobre los modelos de agricultura”, dice. “Creemos que lo que hemos intentado hacer es importante tanto para el mundo como para África”.

El Instituto gestiona el Proyecto Tigray, un experimento de agricultura ecológica que empezó en 1996. Tigray es el nombre del estado más septentrional de Etiopía.

“Solamente el 10 por ciento de la tierra en Etiopía recibe la suficiente lluvia y cuenta con la tierra adecuada para una agricultura rentable. La mayoría de los agricultores viven en condiciones realmente difíciles”, dice Edwards.

“Queríamos ver si un enfoque ecológico podía mejorar su situación. Al principio, los agricultores tenían muchos recelos y pensaban que queríamos quitarles sus tierras, pero a través del diálogo conseguimos convencerles de que podían hacer cosas por sí mismos. Lo más importante fue enseñarles a utilizar el compost para restituir nutrientes, dar consistencia a la tierra y conservar el agua. Esto ha sido, y sigue siendo, el pilar del Proyecto Tigray”.

Edwards, botánica especializada en taxonomía, nació en Inglaterra y se trasladó a Etiopía en 1968. Nunca se ha arrepentido de esa decisión. “Mi casa es Etiopía, mi familia es etíope”, dice.

Edwards trabajó como profesora de instituto y de universidad, y más tarde entró en el Instituto de Investigación Agrícola como botánica para colaborar con agrónomos. En los años 80, ella y su marido, el Dr. Tewolde Berhan Gebre Egziabher, desarrollaron un nuevo plan de estudios para la carrera de Ciencias Agrícolas. Siempre han compartido su pasión por la conservación de la diversidad biológica y por la potenciación de los pequeños agricultores. Por ello, una década después, con el apoyo del gobierno local y de otros organismos, llevaron sus ideas a la práctica. Según Edwards, las mujeres agricultoras se enfrentan a muchas limitaciones culturales, por lo que su grupo decidió experimentar con semillas de especias. El cambio en la vida de una mujer en concreto les dio la inspiración que necesitaban para continuar.

“Había perdido a su marido, tenía cuatro hijos a su cargo y no se relacionaba a nivel social”, recuerda Edwards. “No tenía ni una muda de ropa y los niños no tenían zapatos ni podían ir a la escuela. Se unió a un grupo que hacía compost y luego lo esparció en sus campos. Cultivó especias y, con el dinero obtenido, pudo comprarse una muda de ropa y zapatos para sus hijos. Su situación social cambió radicalmente. Desde entonces, nos hemos centrado principalmente en las mujeres”.

Edwards y su equipo trabajaron incansablemente con los agricultores locales y lograron importantes progresos en pocos años.
“Descubrimos que si los agricultores etíopes limitaban el uso de abonos químicos y otros aditivos, sus tierras recuperaban un nivel aceptable de fertilidad en cuatro años”, explica Edwards. “Este fue uno de nuestros descubrimientos más interesantes. En 2002 sabíamos que si convencíamos a los agricultores de zonas muy degradadas para que hicieran compost y lo aplicaran en sus campos de la forma correcta y en el momento adecuado, las cosechas aumentarían al menos en un 25 por ciento”.

Desde entonces, el modelo del Proyecto Tigray ha sido adoptado en más de 165 distritos de las regiones productoras de cereales de Etiopía. Para Edwards, esto es solo el comienzo.

Cuando se le pregunta qué es lo que más le enorgullece de su larga carrera, Edwards reflexiona un momento. “Puede parecer un tópico dice, pero lo que más ilusiona es poder demostrar que, si actuamos juntos y como personas, podemos hacer algo para frenar algunos de los problemas que amenazan el mundo, sobre todo el cambio climático y la desigualdad económica”.

 

Premio noble
El Premio de Gotemburgo es un galardón internacional que reconoce y apoya proyectos de desarrollo sostenible. Lo otorga cada año un jurado independiente y consiste en una aportación de 1 millón de coronas suecas. El Premio de Gotemburgo es administrado y financiado por el Ayuntamiento de Gotemburgo y doce empresas entre las que se encuentra SKF. (Más información en gothenburgaward.com.)

 

El fruto de una pasión perseverante
Además de su cargo como directora del Instituto de Desarrollo Sostenible, Sue Edwards es periodista y escritora. Ella e Inga Hedberg, de la Universidad sueca de Uppsala, son co-editoras de Flora of Ethiopia and Eritrea, una obra en 8 tomos que describe las casi 7.000 especies de plantas que crecen en la región. Empezaron a trabajar en ella en 1980 y tardaron 29 años en acabarla.