Sherry Lassiter, Fab Foundation

La FABulosa Sherry Lassiter

Sherry Lassiter sueña con un mundo en el que casi cualquier persona en cualquier lugar pueda crear prácticamente cualquier cosa. A través de la red de FAB Labs –1 200 laboratorios en 100 países– ese sueño se está haciendo realidad.

Texto Trish Riley
Foto Martin Adolfsson

Investigación y teoría

La Revolución Industrial cambió el mundo. Trajo la fabricación, el empleo, la educación y el consumismo. También trajo la industria a gran escala, desigualdades flagrantes en el reparto de la riqueza y la calidad de vida, y enormes problemas medioambientales. Ahora, la revolución digital avanza rápidamente y pensadores de vanguardia como Sherry Lassiter, socia fundadora y directora de la Fab Foundation, vislumbran avances que podrán ayudarnos a inclinar la balanza hacia un mundo más equitativo y más sostenible.
      

Sherry Lassiter

Edad: 63 FABulosos años
Residencia: Atlanta, Georgia, en los Estados Unidos
Familia: Un marido, que trabaja en la edición de video, y un gato gordo
Formación: Maestría en educación por la Universidad de Harvard
Aficiones: Fotografía, cine, ciclismo y diseñar juguetes

“Mucha gente piensa que la red de Fab Labs es la red de creadores tecnológicos más grande y más coherente del mundo, gracias a nuestra relación con el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y nuestro foco en la educación”, afirma Lassiter. “Actualmente, la red suma unos 1 200 laboratorios en 100 países, dedicados a las aplicaciones prácticas de la fabricación digital, así como a los impactos derivados de nuevas oportunidades económicas y al uso de estas herramientas en redes sociales fuertes”. Y gracias a las herramientas de fabricación digital y a los conocimientos que los Fab Labs están poniendo a disposición de la ciudadanía, cualquier persona puede hacer casi cualquier cosa en casi cualquier parte del mundo.

“Con la llegada de la revolución digital o la era de la informática, un porcentaje reducido de la población se hizo inmensamente rico, mientras que muchísimas personas quedaron relegadas”, sentencia. “Hay mucha gente que todavía no tiene acceso a Internet. Esas personas no tienen posibilidades reales de mejorar su situación económica. La revolución en la fabricación digital nos brinda una oportunidad de cambiar esa ecuación, si lo hacemos bien y ya mismo. ¿Cómo democratizamos el acceso al conocimiento y a las herramientas? ¿Cómo creamos formas equitativas de acceder a ese futuro económico?”.

Sherry Lassiter

  

La propia Lassiter también tuvo que reinventarse cuando una tecnología nueva forzó un cambio indeseado en su trayectoria profesional. “Trabajaba como productora, guionista y directora de documentales científicos para la televisión pública”, explica. “Con un equipo de 8 personas, hacíamos documentales de 1 hora por 750 000 dólares cada uno. Cada documental nos suponía un año de trabajo. Pero la industria quería programas de 30 minutos por 35 000 dólares, grabados por una sola persona con una pequeña cámara digital en unos pocos meses para rellenar huecos en la programación televisiva. Decidí que no me interesaban esos productos superficiales e inconsecuentes”. Para salir de ese estancamiento profesional provocado por la tecnología digital, cambió de rumbo y entró en el MIT con un cargo administrativo.

“Neil Gershenfeld, fundador del Center for Bits and Atoms del MIT, muy amablemente me admitió en su curso Cómo hacer casi cualquier cosa porque me ayudaría en mi trabajo. Al ver las primeras investigaciones y aplicaciones de la fabricación digital, comprendí que la tecnología no es algo para unos pocos. Fue una experiencia transformadora. Volví a la universidad y cursé una maestría en educación, al mismo tiempo que puse en marcha la Fab Foundation. Pasar de consumidora de tecnología a creadora de tecnología me hizo sentir enormemente empoderada.

“A través de los Fab Labs, vemos cómo ese empoderamiento se extiende por todo el mundo. Una vez creada la tecnología, tiene el potencial de transformar vidas y comunidades”.Sherry Lassiter

“Facilitar el acceso a esa clase de educación se convirtió en mi misión. No quería que los jóvenes tardaran 35 años, como me pasó a mí, en descubrir que la tecnología puede ser accesible, crear sentido para la gente y generar cambios positivos en el mundo. A través de los Fab Labs, vemos cómo ese empoderamiento se extiende por todo el mundo. Una vez creada la tecnología, tiene el potencial de transformar vidas y comunidades. Por eso lo hago. La tecnología me apasiona y me inspira”.

Tener acceso a la educación en tecnologías emergentes desde las propias comunidades puede erradicar la pobreza y transformar economías y ciudades en todo el mundo.

Con la creación del primer Fab Lab en Boston en 2003, junto con Gershenfeld, ese principio adquirió forma física. Desde entonces, Chevron, General Electric y otras empresas han apoyado su trabajo con inversiones millonarias en educación en CTIM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), a través del desarrollo de Fab Labs en distintos países.

“Nuestra primera prioridad fue ayudar la red de Fab Labs a crecer”, explica Lassiter. “Ahora estamos centrados en el impacto social. Nuestra propuesta no es producir más computadoras, sino entregar a las comunidades una parte del trabajo que hacemos aquí en el MIT y preguntarles: ‘Si pudieran acceder a estas tecnologías, ¿qué harían con el poder y la oportunidad que brindan?’. ¿Cómo sería el mundo si cualquier persona, en cualquier lugar, pudiera crear casi cualquier cosa? Las implicaciones en términos de educación, oportunidad económica e impacto social son fascinantes. Estamos entrando en un territorio nuevo; la fuerza laboral del futuro no se parece en nada a la del pasado. Gracias a la tecnología, vuelven a caminar juntos el itinerario profesional y el académico”.

Participantes en el Fab Lab trabajando en un proyecto de electrónica y programación en el encuentro global anual de Fab Lab en Ámsterdam, en los Países Bajos.

Participantes en el Fab Lab trabajando en un proyecto de electrónica y programación en el encuentro global anual de Fab Lab en Ámsterdam, en los Países Bajos.

Una de las consecuencias de su trabajo ha sido el proyecto Fab Cities. En Barcelona, España, la alcaldesa quiere establecer 16 Fab Labs y 5 ya están funcionando. Utilizando materiales locales, diseñan y fabrican para distintos sectores, como muebles, moda y vivienda. “Plantean el concepto de huella ecológica y ciudad sostenible desde una perspectiva más interesante”, afirma Lassiter. “En vez de importar y exportar mercancías, ¿por qué no importar y exportar datos y fabricar localmente? En vez de transportar materiales y productos por todo el planeta, intentan crear fuentes de suministro locales. Es un objetivo maravilloso”.

¿Qué debemos hacer para traer un Fab Lab a nuestra propia ciudad? “Si eres el primero en tu comunidad, compra un Fab Lab (el precio ronda los 125 000 dólares) o asóciate con uno existente para crear máquinas Fab para tu comunidad. Luego podrás usar ese Fab Lab para crear otros. Dentro de muy poco, los Fab Labs podrán replicarse por una décima parte del costo actual. Si tienes la capacidad de replicar y crear rápidamente prototipos de las máquinas de fabricación, tus diseños no están limitados por la disponibilidad de herramientas externas. Simplemente fabricas una máquina que hace lo que a ti te interesa que haga”.
     

Contacto de venta

evolution@skf.com

Continúa: “Aunque comparten algunos procesos y herramientas, cada Fab Lab es único porque está adaptado a las necesidades e intereses de sus comunidades respectivas. Algunos se centran en la tecnología y la capacidad de emprender, otros en temas de interés para la comunidad, por ejemplo, cómo conservar y proteger el agua o la educación o, en Ámsterdam, donde la comunidad artística quiere acceder a herramientas para facilitar su expresión personal. Estamos trabajando con Nike en materiales que utilizan en la fabricación, utilizando tecnología digital para crear cosas que sean sostenibles y reciclables. Lo mismo para los proyectos en los que trabajamos del sector aeronáutico; estamos pensando a fondo los materiales y la fabricación. Sería imposible pensar en todas las asombrosas aplicaciones posibles de esta tecnología y estos conocimientos”.

Contenido relacionado