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Predicar con el ejemplo

Las empresas reconocen cada vez más que integrar programas de ética y cumplimiento legal en sus actividades comerciales cotidianas resulta vital para su éxito y su supervivencia.

Texto Allison Jackson Ilustración Robin Boyden

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Reputation Institute

Sometidas al intenso escrutinio de gobiernos, reguladores, activistas, consumidores y usuarios de los medios sociales, las empresas corren ahora más riesgo de ser denunciadas si incurren en comportamientos no éticos o ilegales.

Sin embargo, como han demostrado los múltiples escándalos corporativos durante la pasada década, la mera existencia de un programa de ética y de cumplimiento legal no garantiza que las empresas o sus proveedores hagan siempre lo correcto.

“Las expectativas a las que nos enfrentamos como organización son cada vez mayores”, dice Henrik Stroier, director ejecutivo y socio de Reputation Institute International en Copenhague. “Hemos visto tantas empresas fraudulentas, tantas malas prácticas, tantos ricos estafando a la gente que nos estamos volviendo cada vez más cínicos y escépticos respecto de las intenciones de las empresas”.

“Debemos esforzarnos más para merecer el apoyo y la confianza que teníamos antes”, dice.

Los programas de ética y cumplimiento legal constituyen elementos clave para reconstruir –y mantener– esa confianza. Su objetivo es promover un comportamiento ético y legal en el seno de las organizaciones y de terceros. Más allá del simple cumplimiento de la ley, también incluiría minimizar el impacto medioambiental de sus actividades, asegurar que los materiales utilizados en la fabricación de sus productos proceden de fuentes responsables, pagar un sueldo digno a sus trabajadores de planta, declarar los conflictos de interés y rechazar los sobornos.

La mayoría de las grandes empresas han implementado programas de ética y cumplimiento legal. Muchos nacen del propio interés. Se reconoce cada vez más que estos programas pueden ayudar a evitar multas (o reducir su importe), mejorar la rentabilidad financiera y su reputación entre los accionistas.

Ser digno de confianza y socialmente responsable también se considera una condición necesaria para hacer negocios y atraer al mejor talento joven, afirma Diane O’Connor, vicepresidenta global de medioambiente, salud, seguridad y sostenibilidad global de Xerox, el gigante comercial estadounidense.

Pero no es fácil crear programas de ética y cumplimiento legal eficaces. Eso es lo que se desprende de los sucesivos escándalos ocurridos en empresas que, al momento del acto fraudulento, habían implementado políticas para fomentar comportamientos moral y legalmente correctos.

Por lo general, las infracciones son consecuencia de fallas del propio sistema organizativo y no de las acciones de un individuo o de un grupo de empleados.

“Aunque las empresas suelen culpar a ‘empleados deshonestos’ o ‘unas pocas manzanas podridas’, nuestras investigaciones indican que los fraudes a gran escala en las organizaciones casi nunca son obra de empleados deshonestos”. Esa fue la conclusión de un estudio escrito en coautoría por Robert Hurley, profesor de administración de empresas de la Universidad Fordham en ­Nueva York, y publicado en MIT Sloan Management Review.

Las últimas directrices de la Organización Internacional de Normalización sobre los sistemas de gestión del cumplimiento legal recalcan, entre otras cosas, la importancia de la capacitación para asegurar que todo el mundo comprenda sus responsabilidades, que los sistemas se implementen para detectar los casos de incumplimiento y –quizás lo más importante– que se realice un monitoreo regular.

La ética y el cumplimiento son conceptos estrechamente relacionados. Una cultura ética fuerte dentro de una organización constituye la base de una buena gestión del cumplimiento, afirma Franziska Zuber, gerente de asesoramiento de riesgos de KPMG en Suiza.

“Una motivación y un compromiso auténticos de ‘hacer las cosas bien’ –la base de una cultura ética– tiene más probabilidades de asegurar el respeto y el cumplimiento de la ley por parte de la empresa y sus integrantes”, dice Zuber en un blog de KPMG.

Pero como han descubierto empresas multinacionales como Xerox, puede ser más difícil conocer el comportamiento de sus proveedores, sobre todo si operan desde otros países.

Cada año, Xerox audita a unos cuantos proveedores extranjeros para asegurar el cumplimiento de sus normas internas. “Exigimos a nuestros proveedores que ofrezcan a sus empleados un sueldo digno, un horario laboral razonable y que les paguen las horas que trabajan”, dice O’Connor.

“También examinamos las fuentes de suministro”, continúa. “A nivel de los proveedores de nuestros proveedores, investigamos la procedencia de los minerales, qué tipos de fundición usan… Es un aspecto muy importante de nuestro negocio y es importante que apoyemos nuestra marca”.

La intensa presión a la que están sometidas las empresas para comportarse correctamente tiene mucho que ver con el auge de las redes sociales, dice Stroier, y añade: “Actualmente hay tolerancia cero para las empresas que no predican con el ejemplo, aunque no hayan hecho nada estrictamente ilegal”.

Starbucks, que se enorgullece de ser un buen ciudadano corporativo, sufrió bochornosos boicots y protestas en el Reino Unido en 2012 cuando se reveló que la empresa prácticamente no había pagado nada al fisco británico, aunque llevaba más de una década sirviendo cafés en ese país. Si bien la cadena de cafeterías con sede en Seattle no había violado ninguna ley, la mera idea de que se hubiera comportado de forma poco ética hizo que pagara voluntariamente 20 millones de libras esterlinas (27 millones de euros) en concepto de impuesto de sociedades complementario entre 2013 y 2014.

Recuperar la confianza en una empresa es posible, pero es lento y exige más a la organización que simplemente controlar los daños. Y sus directivos deben predicar con el ejemplo en todo momento.

“Para cambiar realmente la cultura ética, hay que cambiar el comportamiento diario y las rutinas de los miembros de la organización; solo escribir palabras bonitas en las comunicaciones internas y externas no basta”, dice Zuber.


Mayor foco en la ética y el cumplimiento legal en SKF

El alto sentido ético es uno de los valores centrales de SKF. El Código de Conducta de SKF define qué significa la ética para SKF y sus empleados. Orienta a los empleados sobre cómo deben comportarse en los negocios y establece la base para construir relaciones basadas en la confianza entre empleados, con los socios externos y con la sociedad. Hace poco, se lanzó una actualización del código de conducta en forma de curso por Internet, en el que se muestran distintas situaciones laborales en las que pueden encontrarse los empleados. El curso incluye ejercicios interactivos sobre cómo actuar o responder ante un dilema ético. SKF también ha elaborado en Internet otros cursos interactivos obligatorios en el ámbito de la ética y el cumplimiento legal, como la lucha contra la corrupción, el fraude, las prácticas monopólicas y el control de las exportaciones. Además de concientizar a sus empleados, SKF también está implementando un nuevo sistema de informes que permite que los empleados comuniquen problemas éticos desde cualquier lugar del mundo.

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