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Ambiciones globales en la India

¿“Make in India” finalmente hará la diferencia? Con esta campaña, se pretende atraer nuevos negocios del sector de fabricación y generar puestos de trabajo y efectivo. Sin embargo, en un país tan vasto y complejo, nada es sencillo.

Texto Allison Jackson Ilustraciones Jamie Jones

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Datos

El papel de SKF en “Make in India”

SKF ha sido una beneficiaria directa de la campaña “Make in India”, además de una colaboradora activa, dice Shishir Joshipura, director general de SKF India.

Los planes para construir una nueva fábrica de sistemas de lubricación cerca de la ciudad meridional de Bangalore estuvieron paralizados durante cuatro años por disputas legales y problemas burocráticos, dice Joshipura.

Sin embargo, después del lanzamiento de la campaña de Modi, SKF pidió ayuda a las autoridades gubernamentales locales y, en menos de dos semanas, habían encontrado un nuevo emplazamiento para la fábrica y autorizado su construcción.

“Supone un desarrollo muy positivo para el país y para nosotros”, observa Joshipura respecto de la campaña de Modi, que pretende potenciar la inversión extranjera en energía eólica y ferrocarriles –dos sectores en los que está presente SKF– entre otros sectores. “A medida que más empresas creen sus bases de fabricación en la India o amplíen las instalaciones existentes, SKF verá aumentada su base de clientes potenciales”.

SKF ya tiene una presencia sólida en la India, con fábricas de rodamientos en Ahmedabad, Bangalore, Haridwar y Pune, y una fábrica de sellos en Mysore.

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Make in India

En septiembre de 2014, Narendra Modi, Primer Ministro de la India, lanzó la campaña “Make in India” (Fabricar en la India) con la intención de transformar el país en un centro de fabricación global capaz de rivalizar con China.

El sector de fabricación, intensivo en mano de obra, constituye una parte importante de la iniciativa, al percibirse como una de las claves para liberar el potencial económico de la India y sacar a cientos de millones de personas de la pobreza, replicando el proceso seguido por China durante las tres últimas décadas.

Al animar a empresas nacionales y extranjeras a ampliar instalaciones existentes o construir fábricas nuevas, se espera generar puestos de trabajo suficientes para los 12 millones de personas que, según las estimaciones, se incorporan cada año a la población activa india, además de los cientos de millones de personas procedentes del mundo rural que previsiblemente migrarán a las ciudades durante las próximas décadas.

Los beneficios indirectos serían un aumento del consumo, mejores infraestructuras y un crecimiento económico más rápido.

Pero no será fácil replicar el éxito de China.

Las reformas económicas en las que se sustenta la campaña, como agilizar los trámites para la compra de terrenos y simplificar el sistema fiscal, han languidecido en la cámara alta del parlamento indio, donde el Partido Popular Indio de Modi no tiene mayoría.

“Hay una enorme voluntad política, como evidencian la agenda legislativa pro-empresa del gobierno y otras iniciativas afines, pero una multitud de factores, incluidos un entorno político sumamente complejo, hace que sea difícil pasar de la retórica a la realidad”, dice Romita Das, analista singapurense que trabaja en la consultora internacional de riesgos Control Risks.

Mientras a la mayoría de las grandes economías les preocupa el envejecimiento demográfico, la población en edad de trabajar sigue creciendo en la India; según las previsiones, pasará de 761 millones de personas en 2011 a 869 millones en 2020; y, en 2025, la población laboral de la India podría ser la más grande del mundo.

Este hecho por sí solo debería situar a la India en ventaja respecto de sus competidores. Pero en una economía dominada por el sector de servicios, no hay empleos suficientes para todos y la inmensa mayoría de los trabajadores no disponen de una capacitación formal, lo que limita sus opciones.

Por eso, Modi quiere potenciar el sector de fabricación indio, y llevarlo al 25% del PIB en 2022 frente al 16% actual. Es un sector intensivo en mano de obra y no necesariamente exige un nivel alto de calificación.

Para facilitar el aumento de inversiones en el sector, el gobierno de Modi está aplicando reformas que no necesitan la aprobación de la cámara alta -dominada por la oposición- suavizando o eliminando las restricciones a la inversión extranjera directa en regiones clave y simplificando los trámites burocráticos, lo que crea en definitiva un entorno más favorable para los inversores.

La respuesta de las empresas extranjeras ha sido positiva, dicen los analistas. Según datos oficiales, la inversión extranjera directa ascendió a 40 800 millones de euros durante el ejercicio fiscal finalizado en marzo de 2015, un 22% más que en 2014 y un 29% más que en 2013.

A fines de 2015, Japón y la India firmaron un acuerdo valorado en 13 800 millones de euros para construir una línea de ferrocarriles de alta velocidad de 450 kilómetros entre Bombay y Ahmedabad, en Guyarat, el estado natal de Modi. Hon Hai Precision Industry, el fabricante taiwanés de componentes electrónicos, también se comprometió a gastar 4 600 millones de euros en el estado occidental de Maharashtra, mientras General Electric y Alstom se adjudicaron contratos para construir cientos de locomotoras de carga para Indian Railways.

Pero muchas empresas son más reticentes. Hacer negocios en la India siempre es difícil, debido a la poca eficiencia de su democracia y la carencia de infraestructuras. La falta de progresos en reformas económicas clave mantiene alejadas a algunas empresas, dice Shilan Shah, economista indio que trabaja en la consultora londinense de investigación económica Capital Economics.

“Las empresas extranjeras quieren estar seguras de que ‘Make in India’ sea algo más que un bonito eslogan y que se convierta en algo creíble, respaldado por cambios políticos”, dice Shah.

Si la campaña “Make in India” tiene éxito, junto con otras iniciativas como “Skill India”, que pretende capacitar a 500 millones de personas hasta 2022, el crecimiento económico de la India podría situarse en un 10% anual “durante un período sostenido”, dice Shah.

Pero será un proceso lento. “Es un proyecto ambicioso”, afirma, “y probablemente pasará tiempo hasta que empiecen a notarse sus efectos”.

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