Un mundo nuevo y soleado

Un mundo nuevo y soleado

El panorama energético del futuro sigue siendo en buena medida una incógnita. Sin embargo, con la creciente demanda de energía cubierta por un sector de energías renovables en rápida expansión, promete ser muy diferente del de hoy.

Texto Jan Lindroth
Ilustración Michele Marconi

Suministro de electricidad, gas y agua

Hace tan solo unos años, hablar de energía significaba básicamente hablar del precio del petróleo. Hoy, el petróleo sigue siendo tema de debate, pero de lo que se habla es de a qué ritmo bajará su uso. Tras años de bombo y arranques en falso, la transición a fuentes de energía como la eólica y la solar empieza a acelerarse a un ritmo que ha sorprendido incluso a los especialistas más experimentados.

Y ante un apetito global de energía que no para de crecer, las energías eólica y solar están llamadas a convertirse en dos fuentes importantes de energía durante las próximas décadas. Según el informe Energy 2050: Insights from the ground up (Energía 2050: Perspectivas desde la base) de la consultora McKinsey, entre 2000 y 2015, la demanda global de energía creció un 2% anual y, aunque el ritmo bajará hasta un 0,7% anual en 2050, se necesitará mucha más energía.

Nos espera una nueva revolución industrial.
Isabelle Kocher, directora ejecutiva de Engie

La eficiencia energética logrará avances importantes en los próximos años, dice el informe, pero mientras siga creciendo la población global –aunque a un ritmo más lento– y mejore el nivel de vida en todo el mundo, la demanda de electricidad también seguirá creciendo. Según un informe reciente de Bloomberg New Energy Finance, la demanda mundial de electricidad crecerá un 58% para 2040 y obligará a duplicar la capacidad instalada hasta 14 TW.

Otro factor importante que incidirá en la demanda de energía es la electrificación continua del transporte. El banco de inversiones Goldman Sachs predice que entre ahora y 2025 se venderán más de 20 millones de automóviles eléctricos en todo el mundo, y que las ventas de automóviles tradicionales con motor de combustión llegarán a su máximo­ en 2020 y a partir de entonces empezarán a bajar.

Pero el futuro será menos intensivo en energía que hoy. McKinsey predice que, para 2050, la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PBI será la mitad que en 2013. Se producirá más con menos. Una explicación es que los servicios representan una parte cada vez mayor de la economía global y generalmente consumen menos energía que los bienes manufacturados. Un corte de pelo consume mucho menos energía que fabricar una maleta nueva, por ejemplo, aunque su precio y, por lo tanto, su valor pueden ser muy similares. En la India, según los pronósticos, la participación de los servicios en la economía aumentará hasta el 64% en 2035 desde el 54% actual.

Nuevas tecnologías y una economía digitalizada y automatizada impulsan la eficiencia energética y moderan la demanda, a pesar del crecimiento demográfico y económico. En 2017, las ventas de luces LED superaron por primera vez las de las luces incandescentes y fluorescentes tradicionales. Goldman Sachs cree que en 2050 la electricidad consumida en los Estados Unidos para la iluminación se habrá reducido un 62% gracias a un mayor uso de LED.

La digitalización acelera el crecimiento de los servicios y convierte bienes tangibles como CD y libros en servicios digitales. Mejora la eficiencia de la economía en conjunto; a través de tecnologías como los datos masivos (big data), los medidores inteligentes, los automóviles autónomos y las redes eléctricas descentralizadas, será un factor importante para impulsar la eficiencia energética.

El futuro de la energía

Una excepción destacada es la proliferación de dispositivos en red, que incluyen teléfonos inteligentes y tabletas, pero también vehículos, cámaras, sensores, electrodomésticos, etc. Las proyecciones indican que llegarán, al menos, a los 50 000 millones en 2020 y consumirán juntos 1 140 TWh al año, equivalente al consumo eléctrico combinado de Canadá y Alemania. Incluso en el modo de espera, cuando no realizan ninguna función, la mayoría de estos dispositivos siguen consumiendo electricidad. Por suerte, según un análisis realizado por la Agencia Internacional de la Energía (International Energy Agency, IEA), es posible reducir esta demanda en más de un 60% si se implementan las mejores tecnologías disponibles.

La energía se utiliza de forma más sabia y eficiente, pero, aun así, se necesita más. ¿De dónde vendrá esa energía adicional? Basta con salir a la calle para tener la respuesta: el sol y el viento.

Hace tan solo una década, la industria de energías renovables era lenta, costosa y predominantemente alemana. Hoy, es ágil, barata y mayormente china. Gracias a los esfuerzos por frenar el cambio climático y el esmog, los costos han bajado radicalmente y eso significa que hoy la energía solar y eólica puede competir perfectamente con los combustibles fósiles en muchos mercados, incluso sin subsidios.

Los módulos solares son un 90% más baratos que en 1990, el costo de la electricidad solar ha bajado un 72% desde 2009 y se prevé que bajará otro 67% para 2040. Como resultado, actualmente se construyen parques eólicos y solares a un ritmo sin precedentes. Los automóviles eléctricos están bajando de precio y aumentan las ventas, lo que abarata el precio de las baterías, un elemento clave para alcanzar nuevos niveles de crecimiento ecológico.

Bloomberg New Energy Finance predice que se invertirán alrededor de 6 billones de dólares hasta 2040, lo que transformará los mercados eléctricos del mundo.

Asimismo, se cree que alrededor de un tercio de la capacidad nueva consistirá en instalaciones a pequeña escala, por ejemplo, en los techos de viviendas particulares. Como resultado, se exigirá una mayor flexibilidad a los sistemas, que incluirán baterías y una respuesta flexible a la demanda de energía.
 

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Por lo tanto, nos espera un mundo nuevo, soleado y ventoso o, como dice Isabelle Kocher, directora ejecutiva del grupo francés de energía y gas Engie, “una nueva revolución industrial”. Será una revolución que permitirá al mundo satisfacer sus necesidades crecientes de energía de forma más sostenible, y se creará un futuro más limpio, más saludable y más luminoso.

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