Industria

La dulce fragancia de la basura

Nunca ha sido tan cierto el dicho de que lo que para una persona carece de valor, para otra es un tesoro.

Related Articles

El reciclaje siempre ha sido importante en el negocio de la gestión de residuos y también en otros negocios. Sin el reciclaje, no tendríamos tiendas de libros de segunda mano ni vendedores de coches usados, ni sitios como el popular eBay. Tampoco tendríamos materias primas recicladas –y, por lo tanto, más baratas– como el aluminio y el papel prensa.

“Vemos tres tendencias mundiales”, dice Hari Srinivas, coordinador del Global Development Research Centre (GDRC), un laboratorio de ideas medioambientales en Kobe, Japón.

“Por un lado, aumenta el volumen de residuos; por otro, cambian las características de los residuos (se generan más residuos inertes e inorgánicos); y finalmente, también se incluyen residuos peligrosos. Ha llegado el momento de replantear todo el tema de los residuos, de analizar si realmente son residuos”, explica.

Hoy, la subida del precio de las materias primas que forman parte de nuestra vida diaria, como el papel, el plástico, el aluminio, el acero, el cobre y los metales preciosos, está llevando el reciclaje a nuevas cotas.

Nunca han valido tanto esos materiales de desecho y, por consiguiente, nunca ha habido tantos incentivos para extraerlos de la basura. Según Srinivas, los residuos sólidos municipales constituyen el 20 por ciento de todos los residuos generados en el mundo.

Pero la última pieza del rompecabezas no ha encajado hasta este último año.

La basura orgánica normal (cáscaras de huevo y fruta, restos de comida, huesos de aguacate, huesos de pollo, etc.) que antes simplemente se llevaban a los vertederos para que se pudriera, ahora se puede transformar a escala industrial en energía o abono.

La separación en origen, como a veces se llama, básicamente consiste en separar el material orgánico doméstico y, cuando lo permita la infraestructura, convertirlo en biogás o abono.

En Sri Lanka, Corea del Sur, India, Kenia, Israel, Estados Unidos, Suecia y otros países, diferentes tipos de operaciones industriales están generando energía eléctrica a partir de residuos orgánicos mediante proyectos de gas para cogeneración, en los que el metano producido al pudrirse la comida se utiliza para producir electricidad. El gas de vertedero (GV) es utilizado actualmente por más de 1.200 vertederos en todo el mundo para generar electricidad o como combustible alternativo para vehículos y procesos industriales.

Según Roger Ekström, presidente del complejo residencial cooperativo de Liljeholmens Port en Estocolmo, Suecia, que ha empezado a separar los residuos orgánicos en origen, el beneficio consiste en una reducción global del volumen de basura doméstica.

“La separación en origen nos permite reducir el número total de contenedores asignados a la basura doméstica”, dice Ekström. “Para nosotros, el ahorro conseguido compensa el coste de comprar nuevos contenedores para residuos orgánicos”.

Según cifras oficiales, se producen entre dos y cinco kilogramos de basura al día per cápita, aunque la cifra exacta varía de un país a otro. Con el crecimiento de la población y del consumo en general, es imprescindible encontrar soluciones creativas para toda esa basura. Hay que rentabilizar el uso y reuso de los residuos.

“Esta empresa no basará su supervivencia a largo plazo en la recogida y desecho de residuos”, dijo David Steiner, presidente de Waste Management, el mayor transportista de residuos de los Estados Unidos, a CNN Money. “Nuestras oportunidades surgen del movimiento de la sostenibilidad”.

A raíz de esa visión, dice CNN Money, la empresa está desviando capital de inversión no a sus 273 vertederos, sino a plantas de recuperación de materiales. La empresa también compra o invierte agresivamente en empresas dedicadas a recuperar materiales o energía de lo que se tira a la basura.

Otros empresarios buscadores de tesoros han compartido la misma visión.

Por ejemplo, Zhang Yin de Hong Kong es conocida como la “Reina de la Basura”. En los años 90, ella y su marido recorrían vertederos norteamericanos en busca de papel y lo exportaban todo a China. Hoy, Nine Dragons Paper es uno de los mayores productores de material de embalaje de Asia y cotiza en la Bolsa de Hong Kong.

Lindsay Smith es otra eco-capitalista inteligente. En 2001, se iban a talar 26 árboles en su barrio de California porque las raíces estaban agrietando las aceras de asfalto, cada vez era más caro reparar las aceras y resultaba peligroso para los transeuntes. Con una beca concedida por el estado y dos años de I+D, Smith desarrolló unas placas de caucho hechas con neumáticos reciclados de coche que encajan entre sí. La solución aprovecha la flexibilidad del caucho y permite a la acera adaptarse al crecimiento de las raíces. Sólo en los Estados Unidos, su empresa Rubbersidewalks ha recibido pedidos para instalar sus productos en más de 60 ciudades.

Mientras tanto, en Seattle, Eli Reich, antiguo ingeniero mecánico y actual empresario, empezó a confeccionar bolsas tipo bandolera a partir de viejas cámaras de aire de ruedas de bicicletas. Las bolsas tuvieron tanto éxito que, en 2006, Reich abrió una tienda y lanzó su empresa Alchemy Goods, que hoy fabrica y comercializa bandoleras, monederos, bolsos y accesorios hechos con cámaras de aire recicladas. Según la web de Alchemy Goods, hasta ahora han evitado que 182.000 cámaras, que van recogiendo por las tiendas de bicicletas de Seattle, acaben en el vertedero. El lema de la empresa: “Convertir lo inútil en útil”.

Y luego está el cubo de basura solar que compacta la basura para que no se tenga que vaciar tan a menudo. En su web, la empresa BigBelly Solar afirma que sus contenedores de basura inteligentes pueden reducir la frecuencia de recogida en un 80 por ciento, reduciendo con ello el consumo de combustible y las emisiones de gases de efecto invernadero. El Ayuntamiento de Filadelfia, que instaló contenedores Big Belly en una parte de la ciudad, logró un ahorro de combustible de casi 625.000 euros en el primer año.

En la costa oeste, San Francisco fue una de las primeras ciudades estadounidenses en recoger excrementos de perros de un ‘pipican’ muy frecuentado y convertirlos en metano combustible en un digestor anaeróbico.

Darren Atkinson es otro eco-capitalista busca-tesoros que ha construido un pequeño emporio a través del reciclaje de desechos corporativos en forma de ordenadores y placas base, que revende en eBay y Craigslist. Lo explicó a Forbes Magazine:

“Mi padre era cazador, y aunque yo nunca quise serlo, me explicaba que se seguía el rastro de los animales por sus excrementos y eso se me quedó grabado en la cabeza. A través de los excrementos, puedes saber si la manada come bien, si hay algún animal enfermo, si crece o decrece el número de individuos. Si yo fuera presidente de una empresa, me dedicaría un tiempo cada día a hurgar en la basura. Se aprende mucho más con la basura que con una hoja de balance”.